Trump confirmó el alto el fuego a través de su red social Truth, tras mantener conversaciones con el presidente libanés, Joseph Aoun, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. La tregua, que entrará en vigor a las 23.00 horas peninsulares españolas, supone un primer alivio para un Líbano que ha visto cómo el ejército israelí destruía este mismo jueves el último puente que conectaba el sur del país con el resto del territorio.
Sin embargo, la situación con Irán permanece en un filo peligroso. Hegseth, en su primera comparecencia pública desde que Estados Unidos impuso el bloqueo naval del estrecho de Ormuz tras el fracaso de las negociaciones celebradas el fin de semana pasado en Islamabad, no dejó margen para la ambigüedad. «Podéis optar por la negociación. Si no, tiraremos bombas sobre las infraestructuras energéticas clave. Podemos hacerlo por las buenas o por las malas», advirtió el jefe del Pentágono, dirigiéndose directamente a Teherán.
El bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte de los hidrocarburos del planeta, se ha convertido en el nudo gordiano del conflicto. Irán lleva semanas aplicando su propio cierre de facto a este estratégico corredor marítimo, y Washington se sumó el lunes pasado a esa presión con su propio bloqueo militar, en un órdago de consecuencias económicas globales ya visibles: el precio del petróleo y el gas se ha disparado, y países como España han duplicado sus importaciones de gas ruso para compensar el déficit energético.
A menos de una semana de que expire el plazo para alcanzar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, los mediadores —con Pakistán como actor clave en Teherán— trabajan contra el reloj para destrabar los dos grandes escollos: el programa nuclear iraní y la reapertura del estrecho de Ormuz. El anuncio de la tregua con Líbano ha eliminado uno de los obstáculos secundarios, pero el camino hacia la paz en Oriente Próximo sigue siendo, a 47 días del inicio de la guerra, extraordinariamente incierto.

